Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 Lupin se dejó caer sobre una butaca, balbuciendo:
—No quiero… No puedo… No tengo derecho… Es imposible… Que me crea muerto… Es mejor asÃ…
Lupin se sintió estremecido por los sollozos, trastornado por una inmensa desesperación, henchido de una ternura que brotaba de lo más Ãntimo de él, como esas flores tardÃas que mueren el mismo dÃa en que se abren.
La anciana se arrodilló, y con voz temblorosa le dijo:
—Es tu hija, ¿verdad?
—SÃ, es mi hija.
—¡Oh pobre hijo mÃo! —dijo ella, llorando—. Pobre hijo mÃo…