Arsenio Lupin - 813
Arsenio Lupin - 813 —Poned vuestro nombre, señor, y la fecha de vuestro paso por aquÃ…, y lo que os agrade.
El emperador tomó la pluma que le tendÃa el ermitaño y se inclinó.
—Cuidado, señor, cuidado.
Se escucharon gritos de pavor…, un gran estrépito por el lado de la capilla… El emperador se volvió. Y vio entonces una enorme roca que rodaba en tromba por encima de él.
En ese instante, el emperador fue sujetado por el ermitaño y lanzado por éste a diez metros de distancia.
La roca fue a chocar contra el banco de piedra ante el cual se encontraba el emperador unos segundos antes. El choque hizo pedazos el banco.
Sin la intervención del ermitaño, el emperador hubiera perdido la vida.
El emperador le tendió la mano, y le dijo simplemente:
—Gracias.
Los oficiales se apresuraron a rodearle.
—No es nada, señores… No ha pasado nada más que el susto consiguiente… Un susto mayúsculo, lo confieso… A pesar de todo, sin la intervención de este hombre valiente…
Y acercándose al ermitaño, le preguntó:
—¿Cuál es su nombre, amigo mÃo?