Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —Asà se acabará por descubrir algo, ¿no es verdad? —me preguntó la señorita Nelly—. Por muy brujo que sea, no puede hacer que los diamantes y las perlas se hagan invisibles.
—En efecto —le respondà yo—, o, de lo contrario, será preciso registrar las copas de nuestros sombreros, el forro de nuestras americanas y todo cuanto llevamos puesto. Y mostrándole mi máquina de retratar, que era una 9 por 12, con la cual yo no dejaba de fotografiarla en las posturas más diversas, le dije:
—Y en un aparato que no sea más grande que éste, ¿no cree usted que habrÃa lugar para esconder todas las piedras preciosas de lady Jerland? Basta con simular que se toman vistas, y el truco queda hecho.
—Sin embargo, yo he oÃdo decir que no existe ladrón alguno que no deje detrás de él alguna huella.
—SÃ, hay uno: Arsenio Lupin.
—¿Por qué?
—¿Por qué? Porque él no piensa solamente en el robo que realiza, sino también en todas las circunstancias que podrÃan denunciarle.
—Al principio usted se mostraba más confiado.
—Pero luego yo le he visto en acción.
—Entonces, ¿según usted…?
—Según yo, perdemos el tiempo.