Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Esa era una expresión de miedo bien manifiesta.
Una hora más tarde, una circular escrita a mano pasaba de mano en mano entre los empleados de a bordo, la marinerÃa y los viajeros de todas clases: el señor Luis Rozaine prometÃa una suma de diez mil francos a quien desenmascarase a Arsenio Lupin o encontrase a la persona en cuyo poder estuvieran las alhajas robadas.
—Y si nadie acude en mi ayuda contra ese bandido —le declaró Rozaine al capitán—, yo, por mi cuenta, me las veré con él.
Rozaine contra Arsenio Lupin, o, más bien, conforme a la frase que corrÃa de boca en boca, el propio Arsenio Lupin contra Arsenio Lupin. Y esa lucha no dejaba de tener interés.
Tal lucha se prolongó durante dos dÃas.
Se vio a Rozaine ir de un lado a otro, mezclarse entre el personal, interrogar, huronear. Por las noches se observaba su sombra rondando.
Por su parte, el capitán desplegó la mayor energÃa y actividad. De arriba abajo, y por todos los rincones, fue registrado el Provence. Se registraron todos los camarotes, sin excepción, con el pretexto, que era muy de justicia, de que los objetos estaban ocultos en algún lugar sin importar qué lugar fuera, salvo el camarote del culpable.