Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron Hijo de un importante comerciante de Burdeos, habÃa presentado documentos que estaban completamente en regla. Además, sus brazos no presentaban la menor huella de heridas.
—¡Documentos! ¡Certificados de nacimiento! —clamaron los enemigos de Rozaine—. Pero ¡si Arsenio Lupin les presentarÃa a ustedes tantos como ustedes quisieran! Y en cuanto a la herida, lo que ocurre es que no sufrió ninguna… ¡o bien que él ha borrado la huella de la misma!
Una objeción que presentaba contra eso era que, a la hora del robo —y ello estaba demostrado—. Rozaine se paseaba por el puente. A lo que sus enemigos replicaban:
—¿Es que acaso un hombre del temple de Arsenio Lupin tiene necesidad de asistir al robo que él mismo comete?
Y añadido a ello, aparte toda consideración extraña, habÃa un punto al cual hasta los más escépticos no podÃan ponerle un epÃlogo: ¿quién, salvo Rozaine, viajaba solo, era rubio y tenÃa un nombre que comenzaba por R? ¿A quién apuntaba el telegrama, si no era a Rozaine?
Y cuando Rozaine, algunos minutos antes del desayuno, se dirigió audazmente a nuestro grupo, la señorita Nelly y lady Jerland se levantaron de sus asientos y se alejaron.