Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron AsÃ, pues, Rozaine no era en absoluto Arsenio Lupin. Rozaine era Rozaine, hijo de un negociante de Burdeos. Y la presencia de Arsenio Lupin se confirmaba una vez más, ¡y mediante qué acto de temeridad!
Aquello fue el terror. Ya nadie se atrevÃa a permanecer a solas en su camarote, y mucho menos aventurarse solo por los lugares del barco demasiado alejados. Prudentemente, los pasajeros se agrupaban unos con otros. Y aun asÃ, por un impulso instintivo, cada cual desconfiaba hasta de los más Ãntimos. Y es que la amenaza no provenÃa de un individuo aislado y por ello mismo menos peligroso. Ahora, Arsenio Lupin era…, era todo el mundo. Nuestra imaginación sobreexcitada le atribuÃa un poder milagroso e ilimitado. Se le suponÃa capaz de adoptar los disfraces más inesperados, de ser unas veces el comandante Rawson, otras el marqués de Raverdan, o incluso —pues ya nadie se limitaba ya a la acusadora inicial del nombre—, tal o cual persona conocida de todos y que venÃa acompañada de su esposa, de niños y de criados.
Los primeros despachos radiotelegráficos no trajeron ninguna novedad. Cuando menos, el capitán no nos lo comunicó, y semejante silencio no era propicio a darnos tranquilidad.