Arsenio Lupin, caballero ladron
Arsenio Lupin, caballero ladron —¿Tendré que explicarte en dónde nos encontramos en las investigaciones?
—Es inútil. Ya he leÃdo los periódicos de esta mañana. Incluso me permitiré decirte que no avanzáis lo bastante de prisa.
—Esa es precisamente la razón por la cual acudo a tu generosidad.
—Estoy enteramente a tus órdenes.
—En primer lugar, esto: ¿el asunto ha sido llevado a cabo por ti realmente?
—Desde la A a la Z.
—¿La carta de aviso? ¿El telegrama?
—Son de tu servidor. Incluso debo tener en alguna parte los recibos del envÃo.
Arsenio abrió un cajón de una mesita de madera blanca que constituÃa, con el lecho y el banquillo, todo el mobiliario de la celda, tomó dos trozos de papel y se los tendió a Ganimard.
—¡Vaya! —gritó Ganimard—. Yo te creÃa completamente vigilado y registrado por un quÃtame allá esas pajas. Y, sin embargo, tú lees los periódicos y hasta coleccionas recibos del correo…