Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Ni un minuto, señor Wilson; solamente el tiempo de decirle lo feliz que me siento de haberlo conocido, y cuánto envidio al maestro por tener un colaborador tan valioso como usted.
Se saludaron cortésmente, como hacen en el terreno del honor dos adversarios a los que no separa odio alguno, pero que el destino obliga a batirse sin merced. Y Lupin, cogiéndome del brazo, me arrastró afuera.
—¿Qué dice usted a esto, querido? He aquà una comida cuyos incidentes harán buen efecto en las memorias que usted prepara sobre mÃ.
Cerró la puerta del restaurante y, deteniéndose a unos pasos, preguntó:
—¿Fuma usted?
—No, ni usted tampoco, me parece.
—Yo tampoco.
Encendió un cigarrillo con un fósforo de Bengala que agitó varias veces para apagarlo. Pero, tan pronto como tiró el cigarro, atravesó corriendo la calzada y se unió a dos hombres que acababan de surgir de la sombra, como llamados por una señal. Se entretuvo unos instantes con ellos en la acera de enfrente y luego volvió a mi lado.