Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes La mirada que cruzaron fue profunda; sin provocación de una parte ni de otra, sino tranquila y animosa. Era el batir de dos espadachines que empuñan el acero. Sonaba claro y franco.
—¡Estupendo! —exclamó Lupin—. ¡Ya es algo! Un adversario. Aunque sea un bicho raro. Pero ¡es Herlock Sholmes! Van a divertirse.
—¿No tiene usted miedo? —preguntó Wilson.
—Casi, señor Wilson, y la prueba —dijo Lupin, levantándose de su asiento— es que voy a apresurarme a preparar mi retirada…, sin lo cual estoy en peligro de caer en la trampa. Asà pues, quedamos dentro de diez dÃas, ¿no, señor Sholmes?
—Diez dÃas. Estamos a domingo. Ocho después del miércoles, y todo habrá terminado.
—¿Y estaré tras los barrotes?
—Sin el menor género de duda.
—¡Caray! Yo, que me solazaba con mi vida tranquila… Ninguna preocupación, unos pequeños negocios, la PolicÃa al diablo y la reconfortante sensación de la universal simpatÃa que me rodea… ¡Y va a ser preciso cambiarlo todo! En fin, es el reverso de la medalla… Después de la calma, la tempestad… Ahora ya no que reÃrse. ¡Adiós!
—Dése prisa —exclamó Wilson, lleno de solicitud por un individuo al que Herlock Sholmes de una visible consideración—. No pierda ni un momento.