Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —No. Me bajo en Creil y regreso a ParÃs. Es allà donde debe jugarse la partida entre Arsenio Lupin y yo. Los golpes se reciben igual en un lugar que en otro, pero es preferible que Lupin me crea de viaje.
—Sin embargo…
—¿Qué importa, señora? Lo esencial es su brillante, ¿no es cierto?
—SÃ.
—Pues bien: tranquilÃcese. Hace un momento he hecho una promesa mucho más difÃcil de cumplir. Palabra de Herlock Sholmes: le devolveré el brillante verdadero.
El tren aminoraba la marcha. Se metió el brillante falso en el bolsillo y abrió la portezuela. El conde le gritó:
—¡Va a bajarse por el lado contrario!
—SÃ, de esa forma, si Lupin ha mandado vigilarme, perderán mi rastro. Adiós.
Un empleado protestó en vano. El inglés se dirigió al despacho del jefe de estación. Cincuenta minutos más tarde saltaba a otro tren que lo devolvió a ParÃs un poco antes de la medianoche.
Atravesó corriendo la estación, se metió por la cantina, salió por otra puerta y se precipitó dentro de un coche de alquiler.
—Cochero, a la calle Clapeyron.