Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Transcurrieron largos minutos. Herlock no se movÃa, con la vista fija en el adversario que lo espiaba. Pero como este adversario tampoco se movió más y el inglés no era hombre que se consumiera de impaciencia en la inacción, comprobó si su pistola funcionaba, sacó el puñal de la vaina y marchó directo hacia el enemigo, con aquella frÃa audacia y aquel desprecio del peligro que le hacÃan tan temible.
Un ruido seco. El individuo preparaba su revólver. Herlock se arrojó bruscamente sobre el macizo de arbustos. El otro no tuvo tiempo de volverse. El inglés ya estaba encima de él. Hubo una lucha violenta, desesperada, en el transcurso de la cual Herlock adivinaba el esfuerzo del hombre para sacar su cuchillo. Pero Sholmes, al que exacerbaba la idea de su próxima victoria y el deseo loco de apoderarse, desde el primer momento, de aquel cómplice de Arsenio Lupin, sentÃa en él fuerzas irresistibles. Tumbó a su adversario, dejó caer sobre él todo su peso e, inmovilizándolo con los dedos clavados en la garganta del desgraciado como dientes de una sierra, con su mano libre buscó la linterna eléctrica, presionó el botón y proyectó el rayo de luz sobre el rostro de su prisionero.
—¡Wilson! —bramó, aterrorizado.
—¡Herlock Sholmes! —balbució una voz estrangulada, cavernosa.