Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Se instalaron los tres en un saloncito que estaba separado de la rotonda por una amplia arcada.
«¿Es Lupin?», se preguntaba Sholmes, invadido de súbita duda.
Sí, con toda seguridad que era él; pero era otro hombre también que se parecía a Arsenio Lupin en algunos puntos y que, sin embargo, conservaba su individualidad distinta, sus rasgos personales, su mirada, el color de sus cabellos.
Con frac, corbata blanca y camisa almidonada, hablaba alegremente abombando el pecho y contando historias que el señor Destange reía de todo corazón y que ponían una ligera sonrisa en los labios de Clotilde. Y cada una de estas sonrisas parecía una recompensa que buscaba Arsenio Lupin y que se alegraba de haber conquistado. Redoblaba su humor y su ingenio, e insensiblemente, al son de esa voz afortunada y clara, el rostro de Clotilde se animaba, perdiendo aquella expresión de frialdad que la hacía poco simpática.
«Se aman —pensó Sholmes—. Pero ¿qué diablos puede haber de común entre Clotilde Destange y Máxime Bermond? ¿Sabrá la muchacha que Máxime Bermond no es otro que Arsenio Lupin?»