Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Hasta las siete escuchó ansiosamente, aprovechándose de las palabras más insignificantes. Luego, con infinitas precauciones, descendió y atravesó la rotonda por el lado por el que no corría peligro de ser visto desde el saloncito.
Ya en la calle, Sholmes se aseguró de que no había automóvil ni coche esperando, y se alejó cojeando por el bulevar Malesherbes. Pero en una calle adyacente se puso sobre los hombros el abrigo que llevaba al brazo, deformó su sombrero, se irguió y así metamorfoseado volvió a la plaza, en donde esperó con los ojos fijos en la puerta del chalé de Destange.
Arsenio Lupin salió enseguida y, por las calles Constantinopla y Londres, se dirigió hacia el centro de París. A cien metros detrás de él marchaba Herlock Sholmes.
¡Momentos deliciosos para el inglés! Aspiraba ávidamente el aire, como perro de presa que huele la pista reciente. Verdaderamente, le parecía una cosa infinitamente agradable seguir a su adversario. Ya no era él quien estaba vigilado, sino Arsenio Lupin, el invisible Arsenio Lupin. Lo tenía, por decirlo así, al alcance de su vista, como atado por ligaduras imposibles de romper. Y se deleitaba considerando, entre los transeúntes, aquella presa que le pertenecía.