Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Con esa llave el comisario abrió la puerta, que se encontraba al otro lado del vestÃbulo. El piso bajo estaba formado por dos únicas habitaciones. Estaban vacÃas.
—¡Imposible! —exclamó Sholmes—. He visto a los dos, a él y a ella.
El comisario se burló:
—No lo dudo; pero ya no están.
—Subamos al primer piso. Deben de estar allÃ.
—El primer piso está habitado por los hermanos Leroux.
Todos subieron la escalera, y el comisario llamó a la puerta. Al segundo golpe, un individuo, que no era otro que uno de los guardaespaldas, apareció en mangas de camisa y con aspecto enfurecido.
—¿Qué pasa? ¿A qué viene este escándalo?… ¿Es que no se va a poder dejar a la gente dormir tranquila? —Pero se detuvo, confundido—. ¡Dios me perdone!… ¿De verdad no sueño? ¡Es el señor Decointre!… ¡Y usted también, señor Ganimard! ¿Qué puedo hacer por ustedes?
Estalló una formidable carcajada. Ganimard se desternillaba de risa, presa de una hilaridad que le congestionaba el rostro.
—¿Es usted, Leroux?… —tartamudeó—. ¡Oh, qué broma!… ¡Leroux, cómplice de Arsenio Lupin!… ¡Ay, me muero!… ¿Su hermano está visible?