Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —En efecto… Me ha telefoneado la dama. Ella misma pasará por aquà dentro de unos instantes.
Pero hasta las cinco no vio Sholmes, apostado en la acera, a una dama envuelta en un espeso velo y cuyo aspecto le pareció sospechoso. A través de la vidriera pudo ver cómo depositaba sobre el mostrador una alhaja antigua guarnecida de granates.
La dama se fue casi inmediatamente, hizo algunos trayectos a pie, subió por la parte de Clichy y siguió por calles que el inglés no conocÃa. Al caer la noche, Sholmes penetró tras ella, y sin que lo viese la portera, en una casa de cinco pisos, con dos cuerpos de edificios y, por consiguiente, de innumerables inquilinos. La dama se detuvo en el segundo piso y entró. Dos minutos más tarde, el inglés probó suerte y una tras otra manejó con precaución las llaves del manojo que le habÃa quitado al del sótano. La cuarta hizo girar la cerradura.
Dentro, la dama empujaba suavemente un trozo de pared, a la luz de una vela. Se abrió a un pasadizo.
Cuando la abertura fue bastante ancha, la dama pasó… y desapareció, llevándose la vela.
El sistema era sencillo. Sholmes lo empleó.