Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Sírvase sentarse, señor. Estoy terminando.
Añadió algunas líneas más a la carta, la firmó, cerró el sobre, empujó sus papeles, llamó por teléfono, habló con su modista, le rogó que se diera prisa en terminarle el abrigo de viaje que le estaba haciendo, porque lo necesitaba urgentemente y, por último, volviéndose a Sholmes, le dijo:
—Estoy a su disposición, señor. Pero ¿nuestra conversación no puede celebrarse delante de mi padre?
—No, señorita, y le suplico que no alce demasiado la voz. Es preferible que el señor Destange no oiga nada.
—¿Por qué es preferible?
—¡Por usted, señorita!
—No admito conversaciones que no pueda oír mi padre.
—Sin embargo, es muy necesario que admita ésta.
Se levantaron ambos de sus respectivos asientos, con los ojos fijos el uno en el otro.
Y Clotilde dijo:
—Hable, señor.
Continuando en pie, Sholmes empezó:
—Me perdonará si me equivoco sobre ciertos puntos secundarios. Lo que garantizo es la exactitud general de los incidentes que expongo.
—Nada de frases, se lo suplico. Hechos.