Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Como tengo el honor de decÃrselo, señorita. Y puesto que usted se niega a comprenderme con medias palabras, añadiré que Arsenio Lupin ha encontrado aquà una amiga, más que una amiga: una cómplice ciega y… apasionadamente devota.
Clotilde se levantó de su asiento, y sin emoción, o al menos con tan poca emoción que Sholmes se asombró de tal dominio, declaró:
—Ignoro el propósito que lo anima, señor, y quiero ignorarlo. Le ruego, pues, que no añada una palabra y salga de aquà inmediatamente.
—Jamás he tenido la pretensión de imponerle mi presencia indefinidamente —respondió Sholmes, tan tranquilo como ella—. Únicamente que he resuelto no salir solo de este chalé.
—¿Y quién le acompañará, señor?
—¡Usted!
—¿Yo?
—SÃ, señorita. Saldremos juntos de este chalé y usted me seguirá sin una protesta, sin una palabra.
Lo que habÃa de extraño en esta escena era la calma absoluta de los dos adversarios. Más que un duelo implacable entre dos voluntades poderosas, se habrÃa dicho —por la actitud de ambos, por el tono de su voz—, el debate cortés de dos personas que no están de acuerdo.