Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes El señor Félix Davey, joven elegante, vestido según la moda más refinada, llevaba en la mano un bastón de entrenamiento cuyo peso indicaba en su poseedor un bíceps poco corrientes. El señor Félix Davey fue tranquilamente y se sentó en el banco de la avenida transversal que corta la avenida del Bois, frente a la calle Pergolése. Junto a él, una mujer, vestida a la moda de la clase media, leía un periódico, mientras que un niño jugaba a hacer un agujero con su pala en un montón de arena. Al cabo de un instante, Félix Davey dijo a la mujer, sin volver la cabeza:
—¿Ganimard?
—Salió esta mañana a las nueve.
—¿Y fue?
—A la Prefectura de Policía.
—¿Solo?
—Solo.
—¿Algún telegrama durante la noche?
—Ninguno.
—¿Siguen teniendo confianza en usted, en la casa?
—Sí. Ayudo a la señora Ganimard y ella me cuenta todo lo que hace su marido… Hemos pasado la mañana juntas.