Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Escuche, Lupin —dijo Ganimard, a quien tal burla empezaba a irritar—. He tenido con usted excesivas consideraciones. Pero todo tiene un lÃmite. ¡SÃgame!
—Imposible. Tengo una cita y acudiré a ella.
—¿Por última vez?
—Im-po-si-ble.
Ganimard hizo una señal. Dos hombres cogieron a Lupin por debajo de los brazos. Pero enseguida lo soltaron con un gemido de dolor. Arsenio Lupin les habÃa hundido en la carne dos largas agujas.
Locos de rabia, los otros se precipitaron sobre él, desencadenando, al fin, su odio, ardiendo en deseos de vengar a sus compañeros y vengarse ellos mismos de tantas afrentas, y lo golpearon. Un golpe más fuerte lo alcanzó en la sien, y cayó al suelo.
—Si lo matan —gruñó Ganimard, furioso—, tendrán que verse las caras conmigo.
Se inclinó dispuesto a ayudarlo. Pero al comprobar que respiraba libremente ordenó que lo cogieran por la cabeza y por los pies, mientras él lo sostenÃa por los riñones.
—Sobre todo, caminen suavemente… Nada de sacudidas. ¡Ah, los muy brutos! Por poco lo matan… ¡Eh, Lupin! ¿Cómo está?
Lupin abrió los ojos, y balbució:
—No muy bien, Ganimard… Ha dejado usted que me machaquen…