Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Ha sido culpa suya, por testarudo —respondió Ganimard, desolado—. ¿Le duele?
Llegaron al descansillo. Lupin gimió:
—Ganimard, el ascensor… Van a partirme los huesos…
—Buena idea, excelente idea —aprobó Ganimard—. Además, la escalera es tan estrecha… No habrÃa medios de…
Mandó subir el ascensor. Se instaló en él a Lupin con toda clase de precauciones. Ganimard ocupó un sitio a su lado y dijo a sus hombres:
—Bajen al mismo tiempo que nosotros. Me esperarán en la porterÃa, ¿comprendido?
Tiró de la puerta. Pero no hizo más que cerrarse cuando se oyeron unos gritos. De un brinco, el ascensor se habÃa elevado como un globo al que le cortan las cuerdas. Resonó, sardónica, una carcajada.
—¡Maldición! —bramó Ganimard, buscando frenéticamente en la oscuridad el botón de bajada. Y como no lo encontrara, gritó—: ¡Al quinto! ¡Guarden la puerta del quinto!