Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes

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Los policías subieron de cuatro en cuatro la escalera. Pero se produjo el siguiente fenómeno: el ascensor pareció hendir el techo del último piso, desapareció a los ojos de los policías, emergió al piso superior, el de los criados, y se paró. Tres hombres que esperaban abrieron la puerta. Dos de ellos sujetaron a Ganimard, el cual, impedido en sus movimientos, aturdido, apenas pensaba en defenderse. El tercero se llevó a Lupin.

—Se lo advertí, Ganimard…, la huida en globo…, ¡y gracias a usted! Otra vez sea menos complaciente. Y, sobre todo, recuerde que Arsenio Lupin no se deja golpear y atropellar sin razones serias. Adiós.

Cerraron la cabina, y el ascensor, con Ganimard dentro, fue reexpedido a los pisos inferiores. Todo esto se ejecutó con tanta rapidez que el viejo inspector alcanzó a los policías cerca de la portería.

Entró en ella y, enseñando su placa, dijo a la portera:

—¿Acaban de pasar cuatro hombres?

—Sí, los dos criados de los pisos cuarto y quinto con dos amigos.

—¿Quiénes viven en el cuarto y en el quinto?

—Los señores Fauvel y sus primos, los Provost… Se han mudado esta mañana. No quedaban más que los dos criados… Acaban de marcharse.


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