Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes «¡Ah! —pensó Ganimard, derrumbándose en un sofá de la porterÃa—. ¡Qué magnÃfico golpe hemos errado! ¡Toda la banda ocupaba estas casas!»
Cuarenta minutos más tarde dos señores llegaron a la estación del Norte y se dirigieron al rápido de Calais, seguidos de cerca por un hombre que llevaba sus maletas.
—Al galope, Wilson, se trata de no perder el tren. ¡Ah, Wilson, jamás olvidaré estos diez dÃas!
—Ni yo tampoco.
—¡Ah, las hermosas batallas!…
—¡Soberbias!
—Apenas algunos contratiempos…
—Escasos…
—¡Y, al final, el triunfo en toda lÃnea! ¡Lupin detenido! ¡El brillante azul recuperado!
—¡Mi brazo roto!
—Cuando se trata de tales satisfacciones, ¿qué importa un brazo roto?
—Sobre todo si es el mÃo.
—¿Eh? SÃ… Recuerde, Wilson, que fue en el momento en que entraba usted en la farmacia, sufriendo como un héroe, cuando descubrà el hilo que me condujo al interior de las tinieblas.
—¡Qué feliz casualidad!
Las portezuelas se cerraban.