Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Señores viajeros, al tren! Dense prisa, señoras.
El maletero subió los peldaños de un vagón vacÃo y colocó las maletas en la red, mientras que Sholmes izaba al infortunado Wilson.
—Pero ¿qué le pasa a usted, Wilson? ¡No acaba usted de subir! Son los nervios, amigo mÃo.
—No son los nervios lo que me falla.
—Entonces, ¿qué?
—Es que no tengo más que una mano disponible.
—¡Vaya, vaya! —exclamó alegremente Sholmes—. ¡Mucho cuento! ¡Como si no hubiera mucha gente en ese estado!… ¿Y los mancos? ¿Los verdaderos mancos? Vamos, eso no tiene importancia.
Dio al maletero una moneda de cincuenta céntimos.
—Tome, amigo. Para usted.
—Muchas gracias, señor Sholmes.
El inglés levantó los ojos: Arsenio Lupin.
—¿Usted?… ¿Usted?… —balbució, aturdido.
Y Wilson tartamudeó, blandiendo su único brazo con ademán de quien demuestra un hecho:
—¡Usted…, usted!… Pero ¡si estaba usted detenido! Me lo dijo Sholmes. Cuando él lo dejó, Ganimard y sus treinta hombres lo rodeaban…