Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Asà pues, Arsenio Lupin habÃa previsto que él, Sholmes, aceptarÃa la batalla. Es más: la carta escrita por Lupin probaba que él deseaba esta batalla y que entraba en sus planes medirse una vez más con su rival. ¿Por qué? ¿Qué motivo le empujaba a entablar de nuevo la lucha?
Herlock tuvo una segunda vacilación. Verdaderamente era preciso que Lupin estuviera muy seguro de la victoria para mostrar tanta insolencia, y ¿no era caer en la trampa correr de esta manera a la primera llamada?
—¡Adelante, Wilson!… Cochero, al número 18 de la calle Murillo —gritó en un arranque de energÃa.
Y con las venas hinchadas, los puños apretados como si fuera a tomar parte en un combate de boxeo, saltó dentro del coche.
Después de llamar, los dos ingleses franquearon el patio y fueron recibidos por un mayordomo que les condujo a un saloncito situado al otro lado de la casa.
Se sentaron e inspeccionaron de una rápida ojeada los objetos preciosos que colmaban aquel aposento.
—Cosas muy bonitas —murmuró Wilson—, de gusto y de fantasÃa… Puede deducirse de ellas que las personas que han elegido esos objetos para adornar este salón son gentes de cierta edad…, cincuenta años tal vez…
No acabó. La puerta se habÃa abierto, y el señor d’Imblevalle entró seguido de su esposa.