Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Tengo que decir antes que nada, señor Sholmes, que mi esposa y yo, conformándonos con el género de vida que exige nuestra situación, salimos poco. La educación de nuestros hijos, algunas recepciones y el embellecimiento de nuestra casa son los principales cometidos de nuestra existencia, y todas las noches, o casi todas, las pasamos aquÃ, en este saloncito que es el boudoir de mi mujer y en el que hemos reunido algunos objetos de arte. El sábado pasado, hacia las once apagamos la luz, y mi mujer y yo nos retiramos, como de costumbre, a nuestro dormitorio.
—¿Que se halla…?
—Aquà al lado, esa puerta que usted ve ahÃ. A la mañana siguiente, es decir, el domingo, me levanté muy temprano. Como Suzanne, mi esposa, dormÃa aún, vine a este salón sin hacer el más leve ruido para no despertarla. Y cuál no serÃa mi asombro al comprobar que esta ventana se hallaba abierta, cuando la habÃamos dejado cerrada por la noche.
—Algún criado…
—Nadie entra aquà por la mañana sin haber llamado. Por lo demás, yo siempre tengo la precaución de echar el cerrojo de esta segunda puerta, la cual comunica con la antecámara. Asà pues, la ventana habÃa sido abierta desde fuera. Además, tuve la prueba de ello: el segundo cristal del panel de la derecha, cerca de la falleba, habÃa sido cortado.