Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Wilson, Wilson, no es grave, ¿verdad? ¿Un simple rasguño?
Las puertas del chalé se abrieron bruscamente. El primero en salir fue el señor d’Imblevalle; luego, los criados, provistos de velas.
—¿Qué? ¿Qué ha pasado? —preguntó el barón—. ¿Está el señor Wilson herido?
—Nada, un simple rasguño —repitió Sholmes, tratando de ilusionarse.
La sangre manaba en abundancia y tenÃa la cara lÃvida.
El doctor, veinte minutos después, comprobaba que la punta de la navaja se habÃa detenido a cuatro centÃmetros del corazón.
—¡A cuatro centÃmetros del corazón! Este Wilson siempre tiene suerte —concluyó Sholmes con tono de envidia.
—Suerte…, suerte… —gruñó el doctor.
—¡Caramba! Con su robusta constitución, pronto estará bien…
—Tras seis semanas de cama y dos meses de convalecencia.
—¿Nada más?
—No, a menos que surjan complicaciones.
—¿Por qué diablos? ¿Quiere usted que haya complicaciones?