Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Sí.
El barón llamó a su mujer y se lo preguntó. La baronesa respondió:
—La señorita salió, como de costumbre, a misa de once con las niñas.
—¿Pero antes?
—¿Antes? No… Es decir… ¡Yo estaba tan trastornada con el robo!… Sin embargo, recuerdo que el día anterior me pidió permiso para salir el domingo a primera hora… para ver a una prima que estaba de paso en París, según creo. ¿Supongo que eso no la hará sospechosa?
—Claro que no… Sin embargo, me gustaría verla.
Subió al dormitorio de Wilson. Una mujer, vestida como las enfermeras, con una larga bata de tela gris, se hallaba inclinada sobre el herido, dándole de beber. Cuando se volvió, Sholmes reconoció a la joven que lo había abordado en la estación del Norte.
No hubo la más ligera explicación entre ellos. Alice Demun sonrió dulcemente, con sus encantadores y serios ojos, sin ningún malestar. El inglés quiso hablar, balbuceó algunas palabras y se calló. Entonces la joven continuó su tarea, se movió por la habitación tranquilamente bajo la asombrada mirada de Sholmes, ordenó algunos frascos, desenrolló y enrolló algunas vendas de gasa y de nuevo le dirigió su clara sonrisa.