Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Entonces, no cuente usted conmigo.
—¿Cómo? ¿Renuncia a…?
—¡Renuncio a lo imposible! Estoy cansado de una lucha desigual en la que estamos seguros de llevar siempre la peor parte. Es cobarde, es absurdo…, todo lo que usted quiera… Pero no voy. Lupin es más fuerte que nosotros. Por consiguiente, no hay más remedio que inclinarse ante él.
—Yo no me inclino.
—Usted se inclinará, como los demás.
—Pues bien: es un espectáculo que no dejará de agradarle.
—Eso es verdad —dijo Ganimard ingenuamente—. Y puesto que usted no tiene en su haber bastonazos, vamos.
Los dos subieron al coche. El cochero, a una orden de ellos, les dejó un poco antes de la casa y al otro lado de la avenida, delante de un cafetÃn con terraza, en la cual se sentaron, entre laureles y boneteros. El dÃa empezaba a declinar.
—Camarero, papel de carta —pidió Sholmes.
Escribió y, volviendo a llamar al camarero, le dijo:
—Haga el favor de llevar esta carta al portero de la casa de enfrente. Es casi seguro que sea el hombre con gorra que fuma en la puerta.