Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Los dos policÃas se habÃan levantado rápidamente. A la luz de los faroles reconocieron la figura de Lupin, que se alejaba en dirección opuesta a la plaza.
—¿A quién prefiere seguir? —preguntó Ganimard.
—¡A él, claro!
—Entonces yo me dedico a la joven —propuso Ganimard.
—No, no —dijo el inglés, que no querÃa descubrir nada del caso a Ganimard—. A la joven sé dónde encontrarla. No me deje.
A distancia, y utilizando el abrigo momentáneo de peatones y puestos de periódicos, se lanzaron en persecución de Lupin. Persecución fácil, por otra parte, puesto que Lupin no se volvÃa y andaba deprisa, con ligera cojera en la pierna derecha, tan ligera que era preciso una vista muy observadora para percibirla. Ganimard dijo:
—Se finge cojo. —Y continuó—: ¡Si pudiéramos recoger dos o tres policÃas y saltar sobre ese individuo! Corremos el riesgo de perderlo.
Pero ningún policÃa se presentó antes de la Porte des Ternes y, una vez franqueadas las fortificaciones, no podÃan esperar ya ninguna ayuda.
—Separémonos —dijo Sholmes—. El lugar está desierto.