Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¿Estuvo en casa la noche del sábado al domingo?
—¿La noche del sábado al domingo? Espere a ver que lo piense… SÃ, el sábado por la noche regresó pronto y no volvió a salir.
—¿Y qué clase de hombre es?
—Palabra que no sabrÃa decirle. ¡Cambia tanto! Es alto y bajo, grueso y delgado…, moreno y rubio. Casi nunca lo reconozco.
Ganimard y Sholmes se miraron.
—Es él —murmuró el inspector—. Está claro que es él.
Hubo en el viejo policÃa un instante de turbación que se tradujo en un bostezo y en una crispación de puños.
También Sholmes, aunque más dueño de sÃ, sintió una opresión en el corazón.
—Atención —dijo el portero—. Sale la joven.
En efecto, la señorita apareció en el umbral y atravesó la plaza.
—Y ahora el señor Bresson.
—¿El señor Bresson? ¿Cuál es?
—El que lleva un paquete debajo del brazo.
—Pero no se ocupa de la joven, que va sola hacia su coche.
—¡Ah! Nunca los he visto juntos.