Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Sin embargo, no puedo violar su domicilio. No tengo derecho, sobre todo de noche.
Sholmes se encogió de hombros.
—Cuando haya detenido a Lupin, nadie investigará sobre la forma en que efectuó el arresto… Además, ¿qué? Se trata solamente de llamar. Después, ya veremos lo que pasa.
Subieron. Una puerta con dos hojas se ofrecÃa a la izquierda del rellano de la escalera.
Ganimard llamó.
Ningún ruido. Llamó de nuevo. Nadie.
—Entremos —murmuró Sholmes.
—SÃ, vamos.
Se estremecieron. Un ruido imperceptible, procedente del otro lado de la puerta, habÃa como rasgado el silencio. Y tuvieron la sensación, la certeza, de que él estaba allÃ, separado de ellos por la delgadez de la madera de la puerta, y que los escuchaba, que los oÃa…
Con el rabillo del ojo Ganimard consultó con Sholmes. Luego golpeó violentamente con el puño la puerta.
Un ruido de pasos ahora; un ruido que no trataba de disimular…
Ganimard sacudió la puerta. De un empujón irresistible con el hombro, Sholmes la echó abajo, y ambos se lanzaron al asalto.