Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes Ganimard se alejó mientras Sholmes seguía las huellas de las bicicletas, muy visibles en el polvo de la carretera porque dos de ellas tenían neumáticos estriados. Pronto se dio cuenta de que esas huellas le conducían a la orilla del Sena, y que los tres hombres habían dado la vuelta en el mismo sitio que Bresson la tarde anterior. Llegó así hasta la verja tras la cual se habían ocultado Ganimard y él, y un poco más lejos distinguió una confusión de líneas estriadas, lo cual le hizo pensar que habían hecho alto en aquel sitio. Justamente enfrente había una lengua de terreno que se metía en el Sena, al extremo de la cual se veía amarrado un bote.
Era allí donde Bresson debió de tirar el paquete o, mejor dicho, donde lo dejó caer. Sholmes bajó el talud y vio que le sería fácil encontrar el paquete, porque la cuesta era suave y el agua estaba baja…, a menos que los tres hombres lo hubieran cogido ya.
—No, no —se dijo—. No han tenido tiempo… Un cuarto de hora a lo sumo… No obstante, ¿por qué han pasado por aquí?
Un pescador estaba sentado en el bote. Sholmes le preguntó:
—¿Ha visto usted a tres hombres en bicicleta?
El pescador negó con la cabeza.
El inglés insistió: