Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —A todos. El portero responde de ellos. Además, para más precaución, he apostado un hombre en cada uno de los apartamentos.
—No obstante, todavÃa hay que echarles el guante.
—Es lo que yo digo, jefe, es lo que yo digo. Hay que echarles el guante y se lo echaré, porque los dos están aquÃ… y no pueden escaparse. TranquilÃcese, jefe: si no es esta tarde, será mañana… ¡Me acostaré aquÃ! ¡Me acostaré aquÃ!
Y se acostó allà aquella noche, y a la noche siguiente también, y a la otra… Y cuando transcurrieron tres dÃas y tres noches completas, no solamente no habÃa descubierto al escurridizo Lupin ni a su no menos escurridiza compañera, sino que no habÃa encontrado el más pequeño indicio que le permitiese establecer la más ligera hipótesis.
Por esta razón, su primera suposición no habÃa variado:
—¡Desde el momento en que no existe ningún rastro de su fuga es que están aquÃ!