Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —¡Vaya, Ganimard! ¿Está usted aprendiendo el oficio de deshollinador?
El inspector se exhumó de las entrañas de la chimenea. Con el rostro ennegrecido, el traje cubierto de hollÃn, los ojos brillantes de fiebre, estaba irreconocible.
—Le estoy buscando —gruñó.
—¿A quién?
—A Arsenio Lupin… A Arsenio Lupin y a su amiga.
—¡Ah! Pero ¿cree usted que se esconden en el tubo de la chimenea?
Ganimard se levantó del suelo, aplicó sobre la manga de su superior cinco dedos color carbón y sordamente, rabiosamente, contestó:
—¿En dónde quiere usted que estén, jefe? Tienen que estar en alguna parte. Son seres como usted y como yo, de carne y hueso. Y no se volatilizan.
—No, pero se van de todas formas.
—¿Por dónde?… ¿Por dónde? ¡La casa está rodeada! Hay policÃas en el tejado.
—¿Y la casa de al lado?
—No hay comunicación con ella.
—¿Y los apartamentos de los otros pisos?
—Conozco a todos los inquilinos. No han visto a nadie. No han oÃdo a nadie.
—¿Está usted seguro de conocerlos a todos?