Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —De manera que, según usted, Antoinette Bréhat…
—… no es otra que la Dama Rubia.
—¿Y, en consecuencia, Arsenio Lupin ha maquinado los dos asuntos?
—Asà lo creo.
Se oyó una carcajada. Era el jefe de la Sûreté que se divertÃa.
—¡Lupin! ¡Siempre Lupin! ¡Lupin está en todo! ¡Lupin está en todas partes!
—Está donde está —respondió Ganimard, vejado.
—Es preciso, además, que tenga razones para estar en cualquier parte —observó el señor Dudouis—. Y en este caso, las razones no pueden ser más oscuras. El secrétaire no ha sido violentado ni la cartera robada. Hasta el oro ha quedado sobre la mesa.
—SÃ; pero… ¿y el famoso brillante? —preguntó Ganimard.
—¿Qué brillante?
—¡El brillante azul! El célebre brillante que formaba parte de la corona real de Francia y que fue regalado por el duque de A… a Léonide L…, y a la muerte de ésta fue comprado por el barón de Hautrec en memoria de la brillante actriz, a la que tan apasionadamente habÃa amado. Es uno de esos recuerdos que un viejo parisiense como yo no olvida jamás.