Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes
Arsenio Lupin contra Herlock Sholmes —Cuatrocientos mil —clamó Herschmann, sobresaltándose, como si el ruido del martillo le arrancase de su estupor.
Demasiado tarde. La adjudicación era irrevocable.
La gente se arremolinó a su alrededor. ¿Qué le habÃa pasado? ¿Por qué no habÃa hablado más pronto?
Se echó a reÃr.
—¿Qué me ha pasado? Palabra que no lo sé. He tenido un momento de distracción.
—¿Es posible?
—Pues sÃ: una carta que me entregaron.
—¿Y esa carta ha sido suficiente…?
—Para turbarme durante un instante, sÃ.
Allà estaba Ganimard. HabÃa asistido a la subasta del anillo. Se acercó a uno de los ordenanzas.
—¿Fue usted, acaso, quien entregó una carta al señor Herschmann?
—SÃ.
—¿De parte de quién?
—De parte de una dama.
—¿Dónde está?
—¿Dónde está?… Mire, señor, allÃ… Es esa dama que lleva un espeso velo.
—¿Y que se marcha ahora?
—SÃ.