Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca —Nada —respondió Beautrelet con tono pensativo—. Nada por el momento… Más adelante ya veremos… Yo tengo la idea de que muchas cosas figuran comprendidas en la agrupación enigmática de esas dos palabras aguja hueca. Lo que me preocupa es, sobre todo, la materia del documento, el papel de que se han servido… ¿Se fabrica todavÃa esta clase de pergamino un poco granulado? Y además este color de marfil… Y estos pliegues…, la usura de estos cuatro pliegues… Y, en fin, vea usted estas marcas de lacre rojo por detrás…
En ese momento Beautrelet fue interrumpido. Era el secretario Brédoux, que abrÃa la puerta y que anunciaba la llegada súbita del fiscal general.
El señor Filleul se levantó.
—¿El señor fiscal general está abajo?
—No, señor juez de instrucción. El señor fiscal general no se ha apeado de su coche. Está de paso solamente y ruega a usted que haga el favor de ir a verlo junto a la puerta. No tiene que decirle más que unas palabras.
—Qué cosa extraña —murmuró el señor Filleul—. En fin, vamos a ver. Beautrelet, perdóneme, voy y vuelvo en seguida.
Salió. Se oyeron sus pasos que se alejaban. Entonces el secretario cerró la puerta, dio la vuelta a la llave y la metió en su bolsillo.