Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca »Y ahora vive. Y es entonces cuando se plantea el segundo problema cuya investigación me sirvió de hilo conductor y que corresponde al segundo drama de Ambrumésy. ¿Por qué Lupin vivo, libre, de nuevo a la cabeza de su banda, todopoderoso como antaño, ha hecho esfuerzos desesperados, unos esfuerzos contra los cuales tropiezo constantemente, para imponerle a la Justicia y al público la idea de su muerte?
»Hay que recordar que la señorita de Saint-Véran era muy hermosa. Las fotografías que los periódicos han reproducido después de su desaparición no dan más que una idea imperfecta de su belleza. Ocurrió entonces lo que tenía que ocurrir. Lupin, que durante cuarenta días vio a esa bella joven, que ansiaba su presencia cuando ella no estaba a su lado, que sufre, cuando lo está, el influjo de su encanto y de su gracia, se enamora de su enfermera. Ella es para él la salvación, pero es también la alegría de sus ojos, el sueño de sus horas solitarias, su luz, su esperanza, su propia vida.
»Como la señorita de Saint-Véran no se deja influir por un sentimiento que la ofende, y como quiera que hace ya menos frecuentes sus visitas a medida que aquéllas son menos necesarias, cesando el mismo día en que él queda curado…, enloquecido de dolor, adopta una terrible resolución. Sale de su refugio, prepara su golpe, y el sábado 6 de junio, ayudado por sus cómplices, secuestra a la hermosa joven.