Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca »Alcanzado hasta las propias profundidades de mi alma, sangrando todavÃa las heridas morales más crueles, pido que no se entreguen más aún a la malignidad pública mis sentimientos más Ãntimos y mis esperanzas más secretas. Pido la paz, la paz que me es necesaria para conquistar el afecto de la señorita de Saint-Véran, y para borrar de su recuerdo los mil pequeños ultrajes que le valÃa de parte de su tÃo y de su prima —y esto no se ha dicho— su situación de pariente pobre. La señorita de Saint-Véran olvidará ese pasado detestable. Todo cuanto ella podrá desear, aunque fuese la joya más hermosa del mundo, aunque fuese el tesoro más inaccesible, yo lo pondré a sus pies. Ella será feliz. Ella me amará. Pero para lograrlo, una vez más, preciso la paz. Es por lo que depongo las armas, es por lo que les ofrezco a mis enemigos la rama de olivo…, advirtiéndoles al propio tiempo, por lo demás, generosamente, que una negativa por su parte podrÃa tener para ellos las más graves consecuencias.