Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Pero, un lunes por la mañana, advirtió en el sobre de una carta sin franqueo que le reexpedÃan desde ParÃs un tipo de letra que le trastornó. Su emoción fue tal, durante unos minutos, que no se atrevÃa a abrir la carta por temor a sufrir una decepción. Su mano temblaba. ¿SerÃa posible? ¿No se tratarÃa de una trampa que le tendÃa su infernal enemigo? Con un brusco ademán abrió el sobre. Era, efectivamente, una carta de su padre…, escrita por su propio padre. La escritura presentaba todas las particularidades, todos los rasgos personales del tipo de letra paterno que él conocÃa tan bien. Leyó:
«¿Llegarán a ti estas palabras, mi querido hijo? No me atrevo a creerlo.
»Toda la noche del secuestro viajamos en automóvil y luego por la mañana en coche. Yo nada pude ver. Llevaba una venda sobre los ojos. El castillo donde me tienen detenido debe estar, a juzgar por su construcción y por la vegetación del parque, en el centro de Francia. La habitación que ocupo está en el segundo piso; una habitación con dos ventanas, una de las cuales está casi taponada por una cortina de glicinas. Por las tardes me dejan en libertad, durante ciertas horas, para ir y venir por el parque, pero siempre bajo una vigilancia que no cede jamás.