Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca »Dos meses necesitó el oficial, como consecuencia del traslado de la reina a la Conserjería, para cumplir la misión de que había sido encargado. Por fin, a fuerza de mañosas intrigas, consiguió un día verse en presencia de María Antonieta. Y de forma que ella pudiese comprender con exactitud, le dijo:
»—De parte del difunto rey, señora, para su majestad y su hijo.
»Y le entregó la carta sellada.
»La reina se aseguró de que sus guardianes no la veían, rompió los sellos, pareció sorprendida a la vista de aquellas líneas indescifrables, y luego, inmediatamente, pareció comprender. Sonrió con amargura, y el oficial percibió estas palabras pronunciadas por ella:
»—¿Por qué tan tarde?
»La reina dudó. ¿Dónde podría guardar aquel documento peligroso? Por último, abrió su libro devocionario, y en una especie de bolsillo secreto que había en el mismo entre el cuero de la encuadernación y el pergamino que lo cubría deslizó la hoja de papel.
»—¿Por qué tan tarde?… —había dicho ella.
»Es probable, en efecto, que ese documento, si le hubiera podido proporcionar la salvación, llegaba ya demasiado tarde, pues en el mes de octubre siguiente la reina María Antonieta, a su vez, subía al cadalso.