Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Así, pues, la aguja es hueca. Ése es un hecho indiscutible. Quedaba por saber cómo sería accesible.
Por el mar, evidentemente. Debía de haber por el lado de la costa alguna hendidura abordable para las barcas a ciertas horas de la marea. Pero ¿y por el lado de tierra?
Hasta la noche, Beautrelet permaneció suspendido sobre el abismo, con los ojos clavados en la masa de sombra que formaba la pirámide, pensando, meditando con todas las fuerzas de su espíritu.
Luego, bajó hacia Etretat, escogió un hotel, cenó, subió a su habitación y desplegó el documento.
Para él ahora el fijar su significado constituía un juego. Inmediatamente se dio cuenta de que las tres vocales de la palabra Etretat se encontraban en la primera línea en el orden y con los intervalos deseados. Esa primera línea se establecía ya así:
e.a.a… étretat
¿Qué palabras podían preceder a Etretat? Palabras, sin duda, que se referían a la situación de la aguja con relación a la aldea. Mas la aguja se alzaba a la izquierda, al Oeste… Buscó, y recordando que los vientos del Oeste se llamaban en la costa vientos de aval (abajo) inscribió:
En aval d’Etretat. (Abajo de Etretat.)