Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca 
Éstas constituían evidentemente las fórmulas más especiales destinadas a la busca de la abertura por donde se penetraba en la aguja y del camino que conducía a ella.
Beautrelet supuso de inmediato —consecuencia lógica del documento— que si había realmente una comunicación directa entre la tierra y el obelisco, el subterráneo debía de arrancar de la cámara de las Señoritas, pasar bajo el fuerte de Fréfossé, bajar perpendicularmente los cien metros del acantilado y por un túnel abierto bajo las rocas del mar desembocar en la Aguja hueca.
¿Y la entrada del subterráneo? ¿No eran acaso las dos letras D y F, tan claramente recortadas, las que la designaban, las que hacían entrega de ella, quizá también gracias a algún mecanismo ingenioso?
Durante toda la mañana del día siguiente, Isidoro vagó por Etretat y charló con unos y con otros para tratar de recoger algún informe útil. Finalmente, por la tarde, subió al acantilado. Disfrazado de marinero resultaba rejuvenecido y tenía el aspecto de un mozalbete de doce años con su pantalón demasiado corto y su jersey.