Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Avanzaron durante algunos segundos y de pronto surgió una escalera. Beautrelet contó cuarenta y cinco peldaños de ladrillo, los cuales estaban desgastados en el medio por la acción lenta de los pasos.
—¡Rayos y truenos! —juró Ganimard, que iba en cabeza y que se detuvo súbitamente como si hubiera tropezado con alguna cosa.
—¿Qué ocurre?
—Una puerta.
—¡Diablos! —murmuró Beautrelet al verla—. Y no va a ser fácil echarla abajo. Es simplemente un bloque de hierro.
—Estamos fastidiados —dijo Ganimard—. Ni siquiera tiene cerrojo.
—Todas las puertas están hechas para abrirlas, y si ésta no tiene cerrojo es que hay un secreto para abrirla.
—¿Y cómo averiguamos el secreto?
—Yo voy a averiguarlo.
—¿Por qué medio?
—Por medio del documento. La cuarta línea no tiene otra razón de ser que el resolver las dificultades en el momento en que se presentan. Y la solución es fácil, puesto que está escrita no para despistar, sino para ayudar a aquellos que la buscan.