Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Un poco antes de medianoche, un individuo salió del bosque, se escurrió entre ellos, cruzó el umbral de la puerta y penetró en el parque. Durante tres horas le vieron errar por entre las ruinas, agacharse, escalar los viejos pilares, quedándose a veces inmóvil durante largos minutos. Luego se acercó a la puerta y de nuevo pasó por entre los dos inspectores.
Ganimard le echó la mano al cuello, mientras Folenfant le sujetaba por el cuerpo. No ofreció resistencia y con la mayor docilidad del mundo se dejó esposar y conducir al castillo. Pero cuando quisieron interrogarle, les contestó que no tenía ninguna cuenta pendiente con ellos y que esperaría a la llegada del juez de instrucción.
Entonces le amarraron sólidamente al pie de una cama en una de las habitaciones contiguas que ellos ocupaban.
El lunes por la mañana, a las nueve, una vez llegado el señor Filleul, Ganimard le anunció la captura que había realizado. Hicieron bajar al prisionero. Era Isidoro Beautrelet.