Arsenio Lupin y la Aguja Hueca
Arsenio Lupin y la Aguja Hueca Pero lo más curioso fue el opúsculo que apareció en circulación entre los alumnos del instituto, firmado por él, impreso en máquina de escribir y con una tirada de diez ejemplares. Llevaba como título: «Arsenio Lupin, sus métodos, en qué es clásico y en qué es original».
Era un estudio profundo de cada una de las aventuras de Lupin, en el que los procedimientos del ilustre ladrón eran presentados con extraordinario relieve, en el que se mostraba el mecanismo de sus maneras de proceder, su táctica tan especial, sus cartas a los periódicos, sus amenazas, el anuncio de sus robos y, en suma, el conjunto de artimañas que él empleaba para cocinar a la víctima elegida y ponerla en un estado de espíritu tal, que casi se ofrecía por sí misma al golpe preparado contra ella y que todo se efectuaba, por así decirlo, con su propio consentimiento.
El opúsculo era tan exacto como crítica, tan penetrante, tan vivido y de una ironía a la par tan ingenua y tan cruel, que inmediatamente los amantes de la risa se pusieron de su parte, la simpatía de las multitudes se volvió sin transición de Lupin hacia Isidoro Beautrelet, y en la lucha que se entablaba entre ellos se proclamó por adelantado la victoria del joven retórico.