Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Dio un tirón a la puerta, e inclinándose ante el señor Borély, dijo:
–Señor director, no sé cómo disculparme…
No acabó la frase. La irrupción del director, acompañado de tres hombres, no le dio tiempo para ello.
El señor Borély estaba pálido de rabia y de indignación. Le sublevó la vista de los dos guardias tendidos en el suelo.
–¡Muertos! – exclamó.
–No, no -dijo Lupin con ironÃa-. Mire, aquél se mueve. ¡Habla, animal!
–Pero ¿y el otro? – preguntó el señor Borély, precipitándose sobre el jefe de los carceleros.
–Está solamente dormido, señor director. Se sentÃa muy cansado y entonces le concedà unos momentos de reposo. Intercedo en su favor. Me sentirÃa desolado si este pobre hombre…
–Basta de bromas -interrumpió el señor Borély con violencia.