Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Lupin sacó de su bolsillo una banda de papel análoga, y que contenía sus instrucciones; con ella sustituyó suavemente a la otra y retiró la mano. La partida estaba jugada.
Y la correspondencia de Lupin con el Grand Journal se reanudó inmediatamente.
«Me disculpo ante el público por haber faltado a mi promesa. El servicio postal del Palacio de la Santé es deplorable.
»Por lo demás, estamos llegando al final. Tengo a mano todos los documentos que establecen la verdad sobre bases indiscutibles. Esperaré para publicarlos. Pero, no obstante, que se sepa esto: entre esas cartas las hay que fueron dirigidas al canciller por aquel que se declaraba entonces su discípulo y admirador, y que, años más tarde, habría de desembarazarse de ese lastre molesto y gobernar por sí mismo.
»¿Me hago comprender suficientemente?»
Y al día siguiente: