Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin –¿Cómo debo entonces llamar a su…?
–Con ningún nombre.
Se callaron ambos. Ese momento de respiro no era de esos que preceden a la lucha de dos adversarios prestos al combate. El extranjero iba y venía como un amo y señor que tiene costumbre de mandar y ser obedecido. Lupin, inmóvil, ya no mostraba su habitual actitud de provocación ni mostraba su sonrisa de ironía. Esperaba con rostro solemne. Pero en el fondo de su ser, ardientemente, locamente, gozaba de la situación prodigiosa en que se encontraba, allí en aquella celda de prisionero y en su carácter de detenido… Él, aventurero, estafador, ladrón… Él, Arsenio Lupin… Y frente a él, aquel semidiós del mundo germano, autócrata ambicioso que soñaba con absorber la herencia de César y de Carlomagno.