Los tres crimenes de Arsene Lupin
Los tres crimenes de Arsene Lupin Su propio poderÃo le embriagó por un momento. A sus ojos asomaron lágrimas, al tiempo que soñaba con su triunfo.
El extranjero se detuvo.
E inmediatamente, después de la primera frase, llegaron a la medula de la cuestión.
–Mañana es el veintidós de agosto. Las cartas deben publicarse mañana, ¿no es as�
–Esta misma noche. Dentro de dos horas, mis amigos deberán depositar en el Grand Journal, no las cartas, pero sà la lista exacta de ellas, anotada por el gran duque Hermann.
–Esa lista no será depositada.
–No, no lo será.
–Usted me hará entrega de ella.
–Será puesta en manos de su…, entre vuestras manos.
–E igualmente todas las cartas.